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27/12/15

Frases Inolvidables (17)


¡Hola, lectores! Espero que estén pasando un muy lindo día. Hoy quiero compartir con ustedes frases que me quedaron rondando en la cabeza del último libro reseñado, No ficción, de Fuguet:


–Yo no cometí ningún crimen, hueón.
–Yo tampoco: enamorarme de ti no fue un pecado, Renzo.
Página 13.

–¿Un cuento? ¿Así que eso fue lo que tuvimos, Álex?
–Fue más que un cuento y lo sabes.
–Un cuento. Todo para ti es eso: una historia. Y nosotros, lo que te rodeamos, no somos...
–... ya no me rodeas...
–... los que te rodeábamos y los que te rodean al final no son más que personajes.
Página 15.

–¿Qué no sabes?
–Quizás la verdad de la historia es que siempre te anduve buscando.
Página 30. 

 –Nos inventamos... ¿Eso crees? ¿Sí?
–Yo a ti y tú a mí.
–Puede ser.
–Ambos necesitábamos a alguien.
–Sí, es verdad.
–Fue todo una construcción.
–Y se vino abajo.
–La demolimos.
Página 39.

 –... Y me dijiste: si un día me pasa algo, si me atropellan, mi computador es tuyo, usa toda la información y escribe algo... Escribe algo (...). Ahora entiendo que no tenías miedo de que te atropellaran o estallara una bomba justo donde tú estabas, sino que a la larga siempre has querido que escriba de ti. Siempre. Tienes una extraña manera de coquetear, Renzo. Lo patético es que funcionaba. Conmigo. 
Página 59.

 –¿Crees que intentaría escribir esto si hubiera terminado bien? Te hubiera dedicado un libro, hueón. No estaría escribiendo uno acerca de ti.
Página 71.

–No me di cuenta. Pero poco a poco me fuiste seduciendo.
–¿Cómo?
–No sé: estando siempre conmigo. Y a medida que fuiste siendo odiado por el resto del equipo, más me sentí cercano y más confiaba. No sé, estaba esperando a alguien como tú, un cinéfilo y un lector y un tipo dañado y con secretos y no obsesionado con las minas y nada...
Página 124.


 

26/12/15

Reseña de "No ficción"

Título: "No ficción".
Autor: Alberto Fuguet.
Páginas: 174.

Dos tipos que rondan los cuarenta años se juntan una calurosa tarde en el estrecho departamento de uno de ellos a conversar y a ajustar cuentas con el pasado. Podría decirse que se trata de una ex pareja, que quizás nunca lo fue del todo, pues detrás de una ambigua relación gay de casi diez años hay una ausencia llamativa, determinante, rara. Y es justamente esa ausencia la que provee de suspenso y sentido a la larga conversación que ambos sostienen mientras toman whisky y cae la noche santiaguina.

Me sinceraré sobre algo que varios saben: Fuguet no me gusta. O sea, es su narrativa la que nunca ha logrado hacerme sentir algo. 
Demasiadas cosas en contextos diferentes, demasiado de poca sangre... Demasiado cuico, quizá. 
Así que no buscaba exactamente leer más de él, no era mi estilo, simplemente. Pero la portada me gustó bastante, la imagen y las letras en blanco... las ediciones del sello me gustan mucho. Me llamó, además de la publicidad que se le ha dado que finalmente funcionó y aquí estoy.

La historia va de Renzo y Álex, una pareja rara que se ha citado en el pequeño departamento del primero para terminar bien las cosas. Después de años de estar y no estar en algo, se acabó el tiempo de ambigüedad. Álex es escritor, y va a escribir de Renzo, de lo suyo, Acabar con el secreto, poner las cartas sobre la mesa.

El homoerotismo es uno de los recursos más utilizados en distintos artes. Obras de teatro, novelas, pinturas... Todas retratan algo sin llegar a decirlo. Lo insinúan. La propuesta de Fuguet es evidenciar esta omisión, este juego que nunca llega a concretarse.

En su propia estructura característica, ampliando el diálogo y silenciando a un narrador para que los personajes mismos vayan configurando la historia (dos hombres, una tarde y un poco de la noche) que a través de la mirada hacia atrás y entre sus anécdotas y recuerdos nos terminan entregando una panorámica completa: Me gusta ese recurso, que use el diálogo continuo para configurar a sus personajes, para incluir a otros que siempre quedan entre las sombras, aquello que hace hasta irónico que una historia de años (que significó tanto para ambos) tuvo tan poco que finalmente puede ser narrado en el transcurso de un día.

Sí, me gusta aquello, me gustó su historia, me gustó lo que pudo haber llegado a ser su amor si no estuviesen envueltos en el juego de no serlo. Me gustaron Renzo y Álex y la manera en que se estructuró su historia.

Lo que no me gustó fueron dos cosas: La primera, no conozco a nadie de cuarenta años que hable de esa manera. Quizá Fuguet lo haga, lo más probable es que sí... ese tirar de las palabras en inglés, ese snobismo básico en las palabras... No recuerdo quién me dijo en una ocasión que la literatura en Chile, si no es latina, no tiene sentido. No reconocí nada en el libro, me pasó por el lado, me rozó y aunque comenté en múltiples ocasiones con mis conocidos que me había gustado (que se los recomendaba), no puedo dejar pasar esto como una advertencia, como una incomodidad a la hora de leer.

Lo segundo, va ligado a lo primero. Tenemos literatura barriobajera. Ya sea de intelectuales que en sus aras de salvadores la formaron y, de una u otra manera, les salió o no, o del momento en que surgieron esos escritores de piel, aquellos que escriben porque lo hacen, porque lo saben y plasmaron sus propias experiencias o las vistas como el derecho que les correspondía. Y lograron cosas maravillosas, lograron literatura de primera; en la que incluso plasmaron en evidencia que existe un Chile gay, que siempre estuvo y que se atrevieron a mostrar en sus formas más sorprendentes, de golpe y dejando al lector sintiendo.

Mi problema con Fuguet es el mismo que antes: su distancia conmigo. El bromance, el perro, el sonido de altanería que me recuerda a la academia que nunca salió de ella, Buen libro, pero no puedo dejar de sentir aquello, que no me llama, que pretende decir algo que ya fue gritado, que ya se encontraba en las bibliotecas nacionales de barrio bajo.


  3/5

De las mejores novelas de Fuguet, pero con su estilo propio, con ese Fuguet con el que nunca tomaré un café, ni una cerveza, ni una conversación sobre lo simple de las cosas. Pero que debo reconocer bueno, excelente, pero lejano.

27/11/13

Reseña de "Mala Onda"



Título: "Mala Onda".
Autor: Alberto Fuguet.
Páginas: 315.
Editorial: Punto de lectura.

Matías Vicuña (diecisiete años, familia adinerada, colegio del barrio alto) está pasando por un momento difícil. Ni los ríos de alcohol, ni las interminables noches de sexo y cocaína mal picada, logran anestesiarlo de la mala onda que lo invade al regresar de un alocado viaje de estudios. Su vida, al igual que su familia, se está cayendo a pedazos.

La verdad es que a una semana de terminar mis clases, no he tenido tiempo para nada, así que les traigo la reseña de un libro que he tenido que leer para mi electivo del liceo.

La historia comienza narrando el final de la gira de estudios de Matías en Brasil. Algo lo ha cambiado en este viaje, y aunque los describe como los mejores días de su vida, no puede evitar sentirse vacío a su regreso a Chile. De ahí en adelante, buscará sacarse este hastío de encima como sea, pero las cosas no pueden volver a lo que eran y tendrá que enfrentarse a unos cuantos secretos siendo revelados.

Cuando tocó la hora de comentar el libro con mis compañeros de electivo, la mayoría coincidió en que era un libro fome y de un ritmo demasiado lento. Y quiero decir que coincido completamente con esta afirmación, al menos con lo último. Pero si nos ponemos a pensar, este es el sentido de la historia, ¿no? Un libro mala onda.

-Problema tuyo, entonces.
-Exacto: problema mío.

Creo que una de las particularidades que encuentro en el libro es que es el primero que leo en que ninguno de los personajes me agradó. Los consideré cínicos y egoístas, cada uno creyendo tener la verdad absoluta y descartando las ideas de los demás.

¿Y Matías, el protagonista? Peca de indiferente, sin opinión, como si prefiriera existir antes que vivir, y es como si todas sus acciones (las drogas, el alcohol y el sexo) fuesen simplemente para seguir adormecido, para no pensar, para no tener que razonar.

-Ándate a la mierda.
-Ya me fui. Qué rato.

¿Pero saben? Creo que este es  el sentido del libro, ese andar de hojas lento y pesado que hace que el reloj pase y sientas que no has avanzado más que un par de hojas, porque el mundo del protagonista es así: latoso, estático, irrelevante. Mala onda. Entonces, así deben ser sus personajes y protagonista, un estereotipo que se mueve entre este mundo del placer inmediato y que roza la realidad nacional, sin entrar en ella.

Aún así, no ha terminado de gustarme. Creo que si no estás un poco inmerso en el mundo que te narra, te costará comprenderlo. O al revés, si estás demasiado inmerso tal vez te aburra rápido.

-Ni la perfección ni la madurez están entre mis metas.
-Se nota.

Como habrán podido notar en esta entrada, en el libro abundan las frases significativas más que la trama que viene detrás, tal vez podría ir un poquito más allá (o, está bien, mucho más allá) y decir que resulta un libro más de palabras que de hechos.

En definitiva, no me arrepiento de leerlo, pero tampoco fue un gran descubrimiento. No considero que aporte demasiado al lector, ya que sigue más o menos la misma temática que en algún momento hicieron ¡bum! en la literatura. 


3/5

Sobreviví, concluyo. Me salvé.