
Título: "Te esperaré".
Título original: "Wait for you".
Autora: J. Lynn.
Serie: 1° - Wait for you.
Páginas: 415.
Hay cosas que vale la pena esperar.Cameron Hamilton es un metro noventa de irresistible atractivo completado con un par de imponentes ojos azules y una increíble capacidad para hacer que Avery desee cosas que creía que le habían sido arrebatadas para siempre. Sabe que tendría que mantenerlo lejos, pero Cam parece tropezarse con ella en cada esquina del campus. Con su encanto, sus bromas... y ese maldito hoyuelo que aparece cuando sonríe.
Hay cosas que vale la pena experimentar.Lo último que esperaba Avery en su nueva vida universitaria era atraer la atención del único chico que puede hacer pedazos el frágil futuro que está intentando construir. Pero ignorar la tensión ardiente que surge entre ellos -y que revela una faceta de Avery que ella ni siquiera sabía que existía- es imposible.
Primero quiero confesar algo sobre la compra de este libro: el impulso que me llevó a hacerlo es que adoro tener libros donde alguien se llame como yo, Cam (bueno, en ambos casos son abreviaciones, pero no me pongo quisquillosa). Adoro sentir esa conexión instantánea de compartir apodo con un personaje, como si compartiéramos un pedacito especial de nosotros mismos.
Una vez dicho esto, comencemos la reseña.
La historia comienza con Avery, quien se ha mudado a un departamento sola para poder asistir a la universidad que quería, aunque la verdad es que huye de su pasado traumático. En su primer día de clases tropieza literalmente con Cameron, un chico bastante atractivo con el cual parece encontrarse siempre y quien parece sentirse atraído hacia ella. Pero él también parece ocultar sus propios secretos y para estar juntos resulta necesario que ambos dejen de ocultarse del pasado.
Para dejar en claro, no es una trama muy original. Seguramente quienes ya lo hayan leído habrán notado una ligera sensación de ya haber vivido eso antes, de saberse las líneas o al menos el rumbo que pretenden tomar éstas. Pero dentro de esta categoría de chica-carente-de-todo y chico-aparentemente-perfecto que ya es todo un subgénero, creo que está entre los mejores.
Y es que me ha gustado los personajes. Avery no es como yo, pero me he sentido cómoda leyéndola, la he visto crecer a su manera y muchas veces me he quedado cavilando sus palabras. Cam, por otra parte, me ha encantado. No porque fuese el prototipo de novio perfecto ni me tuviera suspirando en cada esquinapágina, sino por su personalidad. Encontré a su sombra a mis mejores amigos y me reí junto a él. Es ingenioso, divertido y amable. Y tiene una tortuga con el nombre de una de las Tortugas Ninja, lo cual le da un punto extra.
La trama es bien llevada. Se desliza hacia el clímax y te deja esos momentos de suspiros intercalados con los segundos en que sabes que todo puede salir mal. Es una historia de amor, al fin y al cabo, y es el romanticismo y las emociones de esta índole las que dominan todo el desarrollo.
En lo personal, me hubiese gustado más dramatismo, potenciar esas emociones que sentí vagamente, pero es una acotación demasiado personal, que no tiene relación con la verdadera naturaleza del libro. Los secretos que esconden ambos son un poco obvios. El de Avery se puede descubrir desde el comienzo (supongo que es lo que deseaba la escritora) y el de Cam es más evidente a medida que se desarrolla la trama, pero en ambos sentí sentimientos genuinos y una forma de cruzar las historias sin rebuscarse que me agradó.
Es una lectura disfrutable, con personajes que se sienten cálidos y amenos junto a una historia que poco a poco nos lleva hacia su desenlace, con la amenaza latente de que no todo está resuelto. Toda la novela transcurre en un ambiente cotidiano, por lo que no es difícil creérsela y dejarse transportar por sus palabras.
Salvo ciertas cursilerías (que siempre me encuentro en los libros de romance) en esta ocasión dirigidas al lenguaje de soft sex, sigue siendo una historia tierna que disfruté de cabo a rabo.
Una vez dicho esto, comencemos la reseña.
La historia comienza con Avery, quien se ha mudado a un departamento sola para poder asistir a la universidad que quería, aunque la verdad es que huye de su pasado traumático. En su primer día de clases tropieza literalmente con Cameron, un chico bastante atractivo con el cual parece encontrarse siempre y quien parece sentirse atraído hacia ella. Pero él también parece ocultar sus propios secretos y para estar juntos resulta necesario que ambos dejen de ocultarse del pasado.
Para dejar en claro, no es una trama muy original. Seguramente quienes ya lo hayan leído habrán notado una ligera sensación de ya haber vivido eso antes, de saberse las líneas o al menos el rumbo que pretenden tomar éstas. Pero dentro de esta categoría de chica-carente-de-todo y chico-aparentemente-perfecto que ya es todo un subgénero, creo que está entre los mejores.
Y es que me ha gustado los personajes. Avery no es como yo, pero me he sentido cómoda leyéndola, la he visto crecer a su manera y muchas veces me he quedado cavilando sus palabras. Cam, por otra parte, me ha encantado. No porque fuese el prototipo de novio perfecto ni me tuviera suspirando en cada esquina
La trama es bien llevada. Se desliza hacia el clímax y te deja esos momentos de suspiros intercalados con los segundos en que sabes que todo puede salir mal. Es una historia de amor, al fin y al cabo, y es el romanticismo y las emociones de esta índole las que dominan todo el desarrollo.
En lo personal, me hubiese gustado más dramatismo, potenciar esas emociones que sentí vagamente, pero es una acotación demasiado personal, que no tiene relación con la verdadera naturaleza del libro. Los secretos que esconden ambos son un poco obvios. El de Avery se puede descubrir desde el comienzo (supongo que es lo que deseaba la escritora) y el de Cam es más evidente a medida que se desarrolla la trama, pero en ambos sentí sentimientos genuinos y una forma de cruzar las historias sin rebuscarse que me agradó.
Es una lectura disfrutable, con personajes que se sienten cálidos y amenos junto a una historia que poco a poco nos lleva hacia su desenlace, con la amenaza latente de que no todo está resuelto. Toda la novela transcurre en un ambiente cotidiano, por lo que no es difícil creérsela y dejarse transportar por sus palabras.
Salvo ciertas cursilerías (que siempre me encuentro en los libros de romance) en esta ocasión dirigidas al lenguaje de soft sex, sigue siendo una historia tierna que disfruté de cabo a rabo.
Admito que en más de una ocasión, me reía porque cuando se referían a Cam no podía evitar pensar en mí misma... Pequeños pedazos de diversión, supongo.








