
Título: "El chico de oro".
Título original: "Golden Boy".
Autora: Abigail Tarttelin.
Editorial: Bruguera (B).
Páginas: 397.
Max Walker es un chico de oro. Bronceado, rubio, atractivo y atlético, es el hijo perfecto, el deportista perfecto y el partido perfecto para las chicas de su escuela. También es el modelo a seguir para su hermano pequeño. Su aparentemente modélica familia ocupa una posición más que envidiable. Sin embargo todos ellos están a punto de convertirse en el punto de mira de los medios de comunicación, que pronto los cercarán en un intento de averiguar aquello que siempre han ocultado.Max Walker tiene una vida perfecta. Max Walker tiene un secreto y alguien se ha enterado.
Me he demorado algo en empezar esta reseña, porque El chico de oro es de esos libros de los que quieres hablar mucho, pero nunca sabes qué decir exactamente. Pero creo que lo mejor es empezar por el inicio, ¿no?
Max es un chico de oro, el tipo de chicos que si no te cae bien, es imposible que te caiga mal. No solo tiene las características de la sinopsis, sino que es agradable, atento y divertido. Pero tiene un secreto que puede hacer que varios eleven su ceja y que todas las personas que conoce cambien su opinión de él: es intersexual.
Una cosa que tengo que decirles de este libro: vale la pena todo el tiempo que se invierte en leerlo. La escritura de Tarttelin es directa y ágil, sin necesidad de ser vulgar. Y esto lo digo porque el principio del libro inicia con una escena bastante fuerte, pero la escritora sabe exteriorizar las emociones de Max y sumergirnos en la historia rápidamente.
El libro está escrito en primera persona, pero narran distintos personajes: Max, su madre, su padre, su hermano, Sylvie (una chica que empieza a ser una de las pocas cosas buenas de su vida) y Archie (la médica que lo atiende). Gracias a todos ellos vamos a poder unir el rompecabezas y ver los aciertos y errores de cada uno.
Primero, tengo que aclarar que me enamoré de Max Walker, me enamoré del joven asustado con la cabeza llena de preguntas, llena de dudas, me enamoré de él y dan ganas de abrazarlo en todas esas incertidumbres que devienen de todo lo que actualmente creemos: eres hombre o mujer, tienes la anatomía de uno o del otro, e incluso sin tener en cuenta tu cuerpo, debes sentirte parte de uno de los dos.
Y cualquier ambigüedad no es aceptada. No nos gusta, no lo toleramos. Y nos incomoda.
—No quiero... —musita, y luego se le apaga la voz y él niega con la cabeza. Se incorpora y deja ver unas mejillas empapadas—. No quiero ser yo.
A pesar de que el libro gira entorno a la intersexualidad de Max y la visión general de las personas a él si se enteraran, la crianza de Steve y Karen (los señores Walker) es un tema fundamental en la novela. ¿Cómo saber si haces lo correcto con un hijo que escapa de los paradigmas en los que siempre creíste?
Siempre esa sensación de que no te va a pasar a ti, que es erróneo, ¿entonces por qué ocurre con tu hijo?
¿Y cómo puedes criar a otro hijo, cuando no estás seguro de lo que estás haciendo con el primero? ¿Qué está bien y qué está mal? La autora maneja dos formas, Steve reacciona de una manera y Karen de otra *y si tengo que verlo en el futuro, espero reaccionar más apegada a la apreciación de Steve*
Me ha encantado la forma en que se puede abordar el problema, el hecho de amar a tus hijos pero no saber qué hacer, no saber si lo que haces es lo mejor para ellos o no.
Cuando alocarte y cuando guardar los cabales.
—¿Qué demonios estás haciendo? ¡Te van a oír los vecinos!
—¡Qué le estamos haciendo a él! ¿Qué estamos diciéndole con esas inyecciones? ¡No está bien! ¡No es justo!
Por otra parte, me gustó mucho Sylvie, aunque mi personaje favorito fue Daniel, el hermano de Max, que con sus charlas y frases divertidas le bajaba la expectación a varios momentos tensos. Y claro, me hizo reírme un par de veces, lo cual fue más que bienvenido.
Hablar de este libro es difícil, porque lo importante de él es lo que te hace sentir, que destruye nuestras preconcepciones y nos hace colocarnos en los pies de un adolescente dañado y roto por lo que decimos y se nos enseña desde que éramos pequeños. Crea reflexiones sobre nuestra forma de ver el género y la sexualidad, las casillas que creamos y cómo nos movemos entre ellas.
Me gustaría decir que es un tema fácil, pero no lo es. La evolución de toda su mundo literario lo confirma, cuando podemos inspeccionar la interioridad de cada personaje, cautiva.
Ya no puedo mirarme al espejo, ni a ningún reflejo mío en el cristal. Y no sé por qué.
Con personajes reales y bien estructurados, me gustó la forma de encausar la historia y, si bien el final sale un poco del ambiente que había desarrollado toda la trama (llena de tensiones y drama), me gustó porque siento que comprendo lo que se quiso transmitir, porque la última parte debía carecer de las emociones acumuladas en las casi cuatrocientas páginas.
Es un libro que recomiendo totalmente, que tiene un ritmo constante y que te hace sentir y pensar. En definitiva, es un libro de un adolescente cualquiera, que tiene una madre abogada, un padre que quiere postular a un cargo político y un hermano menor.
Pero algo ocurre con su género que nos incomoda, y por eso su historia dio este giro inesperado.
Al final, creo que el libro logró lo que buscaba: la sensación de que nunca podrás olvidar la historia de Max.
*Gracias a Ediciones B por el ejemplar.